Introducción

En el curso escolar 2023-2024, más de 1 millón de alumnos en España recibieron medidas de apoyo educativo. Esto supone el 14% del alumnado total, una cifra que ha crecido un 17% respecto al año anterior y que plantea un escenario de gran complejidad para el profesorado.* (*Según los datos del Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes.)

Para visualizar lo que esto significa en el día a día: en una clase de 25 alumnos, el docente debe proporcionar recursos, adaptaciones o intervenciones adicionales a entre 3 y 4 alumnos con Necesidades Específicas de Apoyo Educativo (NEAE). Garantizar que cada estudiante pueda seguir el currículo ordinario en igualdad de condiciones, calidad y equidad se convierte en un desafío diario que impacta significativamente en la gestión del tiempo y en los presupuestos de los centros que buscan liderar una inclusión real.

Ante esta realidad, ¿cómo pueden los docentes identificar estas necesidades a tiempo y dar apoyo a todos sus estudiantes? ¿Qué papel juegan las herramientas TIC en este escenario?

Para profundizar en este desafío, hemos contado con la visión del equipo del CRFPTIC (Centro de Recursos y Formación del Profesorado en TIC) perteneciente a la Consejería de Educación de la Junta de Castilla y León: Miguel Ángel Robledo, director; María Stella Pérez, asesora responsable del programa, y Olga Vegas, maestra y creadora de contenido del centro. Ellos nos aportan las claves sobre la evolución de las necesidades NEAE y el papel transformador de la tecnología en la inclusión real.

El nuevo mapa de la diversidad en el aula 

En los últimos años, la atención a la diversidad ha vivido un cambio de paradigma. Según el equipo del CRFPTIC, ya no solo hablamos de los perfiles tradicionalmente identificados —como alumnado con discapacidad intelectual, motórica o sensorial— ahora observamos un crecimiento significativo del alumnado con trastornos del neurodesarrollo (TEA, TDAH), dificultades específicas de aprendizaje, y especialmente, necesidades asociadas a problemas de salud mental y enfermedades de larga duración.

Esta evolución no solo ha supuesto un aumento en la detección, sino que también ha implicado un cambio de enfoque: pasar de una mirada centrada exclusivamente en el diagnóstico a una perspectiva más pedagógica, basada en la identificación de barreras para el aprendizaje y la participación.

Señales de alerta: ¿qué observar en el día a día?

Más allá de un informe clínico o psicopedagógico, el equipo del CRFPTIC destaca indicadores clave que pueden alertar al docente sobre la necesidad de apoyos adicionales. Entre ellos destacan:

  • Desconexión persistente del alumno respecto a la dinámica del grupo.
  • Dificultades para mantener la atención o seguir el ritmo de la clase.
  • Aislamiento social.
  • Fluctuaciones emocionales intensas.
  • Disminución progresiva de la participación oral y escrita.

También son indicadores relevantes las ausencias prolongadas, los cambios repentinos en el comportamiento o el rendimiento, y la necesidad recurrente de apoyo individual para tareas que anteriormente realizaba con autonomía. 

La observación sistemática y la coordinación con el equipo docente y de orientación resultan clave para anticiparse y responder con medidas ajustadas, evitando que estas dificultades se cronifiquen.

Las TIC como facilitadoras de presencia y participación

Una vez identificadas las señales, el siguiente reto es la intervención. Las tecnologías digitales resultan especialmente transformadoras en perfiles donde la barrera principal no es cognitiva, sino de acceso, presencia o comunicación. Alumnado con discapacidad motórica, enfermedades de larga duración, trastornos de ansiedad, fobia escolar o dificultades graves de socialización encuentran en las TIC una vía para mantener el vínculo educativo y social con su grupo de referencia.

Como explican desde el centro, herramientas como la telepresencia, la comunicación aumentativa, los apoyos visuales o los entornos virtuales permiten que una limitación física o emocional deje de ser un factor de exclusión y se convierta en una oportunidad de participación adaptada. En este sentido, la tecnología no sustituye la intervención educativa, sino que actúa como un facilitador que elimina barreras y amplía posibilidades.

La integración de soluciones de telepresencia: el papel de AV1

Dentro de este marco, las soluciones de telepresencia como AV1 pueden integrarse en los centros educativos como un recurso complementario dentro de las medidas de atención a la diversidad. Según el equipo del CRFPTIC, su utilización resulta útil especialmente en situaciones donde la presencia física continuada en el aula no es posible, como en procesos de recuperación médica o dificultades emocionales que impiden una asistencia regular.

Sin embargo, la eficacia de estas herramientas depende de una gestión compartida. Su integración requiere:

  • Planificación y coordinación: Una comunicación clara entre el equipo docente, el alumnado y las familias.
  • Expectativas realistas: Establecer objetivos claros sobre su uso dentro de la dinámica escolar.
  • Vínculo y continuidad: No se trata de sustituir la presencialidad ni la intervención directa, sino de ofrecer una alternativa que permita mantener el contacto con el aula y facilitar, cuando sea posible, una reincorporación progresiva.

El impacto en la comunidad escolar: un compromiso compartido

La llegada de la tecnología de telepresencia no solo transforma la realidad del alumno ausente, sino que redefine las dinámicas de todo el entorno. Según explica el equipo del CRFPTIC, estas herramientas contribuyen a que el grupo mantenga el contacto con compañeros que no pueden asistir de forma habitual, lo que favorece la continuidad de las relaciones sociales y ayuda a normalizar la ausencia prolongada, evitando una desvinculación total del alumno con su grupo de referencia.

Este enfoque de acompañamiento integral coincide con las bases del Proyecto ABILITI, que destaca cómo la presencia virtual refuerza el bienestar emocional de toda la comunidad a través de varios niveles:

  • Para los compañeros: empatía y responsabilidad. La interacción con un sistema de telepresencia fomenta el aprendizaje social. Al implementar estrategias como el "Buddy System" (asignar compañeros responsables del robot), los estudiantes desarrollan una mayor cohesión grupal y un sentido de solidaridad activa. El grupo deja de ver un "objeto" para reconocer a un compañero con el que comparten bromas y vivencias.
  • Para el docente: de la gestión de crisis al acompañamiento. El profesorado encuentra en estas herramientas un aliado para el seguimiento pedagógico. La tecnología permite que el docente mantenga su rol de guía, asegurando que el ritmo de aprendizaje del alumno remoto no se desvincule de sus iguales.

De la teoría a la práctica: Casos de éxito y testimonios

Diferentes escuelas en el Reino Unido han compartido sus experiencias con AV1, donde el robot se ha convertido en una herramienta habitual dentro de sus estrategias de inclusión. Desde casos de ansiedad severa hasta recuperaciones de cirugías complejas, estos ejemplos ilustran cómo la tecnología actúa como un facilitador real:

  • Superando la barrera de la ansiedad (TEA): En un caso de 4º de ESO, un alumno con TEA presentaba una ansiedad que imposibilitaba el contacto físico. AV1 permitió una reincorporación gradual mediante 'tours' virtuales y sesiones cortas desde la seguridad de su hogar. Esta exposición controlada eliminó la sobrecarga sensorial del aula física, permitiéndole recuperar el vínculo con sus docentes sin la presión de sentirse observado directamente. Leer caso completo.
  • Gestión del estrés ambiental en exámenes: En la E-ACT Parkwood Academy, un alumno de último curso corría el riesgo de perderse sus exámenes finales debido a crisis diarias por ansiedad. La solución fue situar a AV1 en el aula mientras el alumno seguía la lección desde un espacio tranquilo dentro del mismo colegio. El resultado fue la eliminación de las crisis y que el alumno pudiera completar sus exámenes finales con éxito. Leer caso completo.
  • Mantenimiento del vínculo social en postoperatorios: En la escuela Fox Wood, una alumna permaneció nueve meses en casa tras una cirugía. Gracias a que sus compañeros trasladaban el robot a espacios como el comedor o el patio, mantuvo sus amistades y compartió las mismas experiencias que el grupo. Al regresar físicamente, el equipo docente destacó que "era como si nunca se hubiera ido". Leer caso completo.

Conclusión

La tecnología inclusiva no busca sustituir la labor docente, sino amplificarla. En un escenario donde el 14% del alumnado requiere atención personalizada, herramientas como AV1 permiten que la inclusión deje de ser un objetivo teórico para convertirse en una realidad práctica.

Como acaba Miguel Ángel Robledo, director del CRFPTIC

"La tecnología no debe entenderse como una carga añadida, sino como una herramienta que, bien utilizada, puede facilitar la labor diaria y ayudar a dar una mejor respuesta a la diversidad del aula. Lo importante no es incorporar más recursos, sino emplear aquellos que realmente aporten valor, simplifiquen procesos y permitan ofrecer más oportunidades de aprendizaje a todo el alumnado".