Para los estudiantes con necesidades complejas, faltar a clase nunca es una decisión fácil. AV1 ofrece a los centros una solución flexible que respeta el ritmo de cada alumno, ayudando a mantener el vínculo con el aula, reducir la ansiedad y garantizar su presencia y participación.

Un alumno con autismo para quien el ruido del pasillo resulta insoportable. Una estudiante con problemas de salud mental cuya ansiedad se dispara al cruzar la puerta del centro. Un joven con un plan de retorno gradual que, poco a poco, va perdiendo el vínculo con sus compañeros y con el propio aprendizaje.
Para muchos alumnos con NEAE, las barreras para acudir al centro no se deben a una falta de voluntad. Son de origen sensorial, emocional o físico, o nacen de la propia imprevisibilidad del día a día escolar. Sin embargo, los registros oficiales de asistencia suelen tratar la ausencia de forma binaria: se está en el colegio o no se está.
Esto da lugar a estudiantes que están matriculados sobre el papel, pero desconectados en la práctica. Aunque sus necesidades estén reconocidas en sus planes de apoyo individualizado y cuenten con el respaldo del equipo de orientación, su relación con el colegio se va debilitando en silencio.

El ruido, la proximidad física, la imprevisibilidad y la exigencia sensorial de un aula llena pueden resultar realmente abrumadores para alumnos con autismo (TEA), TDAH o dificultades en el procesamiento sensorial.
Para los estudiantes con dificultades de salud mental, cruzar la puerta del centro puede parecer un desafío inalcanzable. La fobia escolar es una realidad limitante que los protocolos tradicionales de asistencia rara vez consiguen solucionar.
Los cambios en la rutina, la sustitución de profesores, los cambios de aula o el regreso tras un periodo de vacaciones pueden desestabilizar a los alumnos que dependen de una estructura fija. Cualquier alteración en los patrones familiares puede provocar un retroceso significativo.
Las exigencias sociales del día a día en el aula, los trabajos en grupo, los cambios de clase o la interacción con los iguales pueden resultar agotadores para los alumnos cuyas necesidades hacen que el compromiso social continuado sea exhaustivo.
Las discapacidades físicas, la fatiga crónica o las exigencias de gestionar una condición médica compleja restan al alumnado con NEAE la capacidad de aguantar una jornada escolar completa, incluso cuando académicamente se encuentra totalmente preparado para aprender.
La desconexión en el alumnado con NEAE rara vez ocurre de golpe. Es un proceso lento. Cada día que resulta demasiado difícil deja una brecha un poco mayor entre el alumno y su comunidad escolar.
Lo que empieza como una medida temporal para dar una respuesta inmediata, puede terminar consolidándose como una situación permanente a largo plazo. Sin un recurso activo que ayude a tender un puente hacia la asistencia completa, la escolarización parcial se cronifica por inercia, no por diseño pedagógico.
Las amistades y el sentimiento de pertenencia al grupo se debilitan rápidamente durante la ausencia. Para el alumnado con NEAE, a quien ya le supone un esfuerzo establecer conexiones sociales, la brecha se amplía con rapidez, haciendo que el regreso al aula resulte cada vez más desalentador.
El acceso al currículo, el progreso hacia los objetivos del Plan de Apoyo Individualizado y la participación en el aprendizaje dependen de mantener una conexión constante con el colegio. La ausencia prolongada, sin un recurso intermedio, dificulta significativamente la evaluación formativa de su evolución y el logro de los resultados fijados.
Sin una intervención específica, el alumnado con necesidades complejas presenta un riesgo elevado de derivar en absentismo crónico o fracaso escolar. La falta de herramientas para gestionar el retorno al centro suele provocar el aislamiento del estudiante, cronificando su desvinculación de la escuela ordinaria.

AV1 es un robot de telepresencia compacto que se coloca en el pupitre habitual del alumno en el aula. A través de una tableta o un teléfono móvil, el estudiante se une a la clase desde donde se encuentre: ve y oye la lección en tiempo real, y participa solo cuando se siente preparado.
Para el alumnado con NEAE, lo que diferencia a AV1 de una videoconferencia tradicional no es el dispositivo en sí, sino lo que este hace posible. La transmisión de vídeo es unidireccional (el resto de la clase no puede ver al alumno), lo que le permite seguir la lección tranquilamente, levantar la mano de manera virtual si desea intervenir o simplemente escuchar, sin la exigencia de tener que exponerse ni sentirse observado.
AV1 no sustituye al aprendizaje presencial. Su función es servir como un puente hacia el regreso al aula, asegurando el vínculo con el colegio durante los periodos en los que asistir a jornada completa aún no es posible.


Ya sea desde casa, desde el aula de apoyo o incluso durante el trayecto a una consulta médica, AV1 permite al estudiante formar parte de la dinámica de su clase. El alumno mantiene su sitio en el aula y sigue el día a día con sus compañeros sin la barrera de tener que estar físicamente en el centro.
Para el alumnado que necesita un proceso de adaptación o se siente abrumado, con AV1 pueden seguir la clase con calma y sin la exigencia de interactuar de inmediato, utilizando la función de mano virtual solo cuando se sientan con la confianza para participar.
El grupo de clase sigue escuchando la voz del alumno y contando con su presencia en el aula. Esto facilita que participe en tareas en pareja o dinámicas grupales, manteniendo intacto ese vínculo social que, a menudo, es el elemento más difícil de recuperar tras una ausencia prolongada.
"AV1 permite a los alumnos estar presentes en el colegio respetando sus propios tiempos. Tienen el control de hacia dónde mirar o cuándo participar, sin exigirles nada para lo que aún no se sientan preparados."

"Si los métodos tradicionales no funcionan con un estudiante, hay que buscar alternativas. Si la tecnología puede ayudar a un alumno a no perder el acceso a la educación cuando no tiene otra opción, merece la pena el esfuerzo."

"Lo importante es que sientan que siguen formando parte del grupo, aunque no puedan estar físicamente en el aula. Eso es, precisamente, lo que luego facilita que vuelvan."
AV1 no es una herramienta de un solo uso. Funciona en una gran variedad de contextos de inclusión y NEAE; siempre que la asistencia presencial regular no sea posible y sea prioritario mantener el vínculo con el centro.
Los centros lo utilizan como una estrategia de intervención temprana y como un recurso clave en los planes de retorno al aula. Su uso puede ser tan breve o tan prolongado como requieran las necesidades del estudiante.
AV1 cubre las horas o asignaturas a las que el alumno aún no puede asistir en persona, garantizando que no pierda el hilo de las clases ni el contacto con su grupo durante el periodo de adaptación.
Para el alumnado cuyo rechazo a la escuela tiene su origen en barreras sensoriales o emocionales, AV1 ofrece una vía sin presiones para mantener la presencia virtual y facilitar una reincorporación gradual.
Ya sea al cambiar de etapa educativa (como el paso de Primaria a Secundaria), al reincorporarse tras una ausencia prolongada o al incorporarse al centro a mitad de curso, AV1 permite al alumno familiarizarse con el aula antes de asistir presencialmente.
El estudiante puede estar en el aula de apoyo o en un espacio tranquilo del colegio y, a la vez, seguir la clase ordinaria a través de AV1. De este modo, se mantiene conectado a la dinámica del aula sin sufrir la sobrecarga sensorial de un entorno con tantos estímulos.
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