Cuando la ansiedad o la salud mental dificultan que un alumno vaya al colegio, el peligro no es solo perder materia, sino ir perdiendo poco a poco la confianza y las relaciones que hacen posible su regreso.
AV1 ofrece a los centros educativos una solución para que su alumnado mantenga los lazos sociales, el ritmo de clase y el sentimiento de pertenencia, evitando que una ausencia temporal se convierta en un desenganche definitivo.

El rechazo escolar no debe confundirse con el absentismo intencionado. La mayoría del alumnado que lo atraviesa quiere asistir a clase, pero se enfrenta a un bloqueo paralizante provocado por la ansiedad, la sobrecarga sensorial o situaciones complejas en su entorno.
En estos casos, la presión o las medidas penalizadoras solo consiguen intensificar el malestar y distanciar aún más al alumno. Para evitar el aislamiento, los centros educativos necesitan vías de incorporación gradual que lo mantengan conectado al día a día de la clase mientras intervienen los equipos de orientación e inclusión.

La vida en el aula no se detiene. Las relaciones y las dinámicas del grupo cambian mientras el alumno ausente se queda en el punto en que se fue. Al intentar volver, se siente desplazado en un grupo al que antes pertenecía.
Sin un contacto frecuente con el colegio, el temor a volver no deja de crecer. Cada día en casa refuerza la idea de que es imposible afrontarlo y la reincorporación se percibe como algo cada vez más amenazante.
Sin el ritmo que marca la jornada escolar, los horarios de descanso se alteran y la motivación cae. Reconstruir el hábito desde cero exige un esfuerzo mucho mayor que mantener una conexión constante con el centro.
Por mucho que se envíen tareas a casa o se usen plataformas virtuales, no seguir las clases en directo hace que el alumno se quede atrás. Tener que ponerse al día añade un nivel extra de estrés justo cuando busca regresar.
Los centros necesitan un recurso que rompa esta espiral desde los primeros días, manteniendo el vínculo con los profesores, los compañeros y las clases. Eso es lo que hace AV1.
AV1 es un robot de telepresencia que se coloca en el aula en el lugar del estudiante. El alumno se conecta esté donde esté, ya sea en casa o en un espacio tranquilo del propio centro. A través del robot, puede participar, ver y escuchar en tiempo real todo lo que ocurre en clase.
En casos de rechazo escolar o ansiedad, la diferencia entre AV1 y una videollamada es clave. En una videollamada, el estudiante suele sentirse expuesto y presionado. AV1 le devuelve el control: el alumno decide cuándo hablar o cuándo quedarse en un segundo plano escuchando. Esta presencia sin presión es justo lo que necesita un estudiante con ansiedad para no perder la conexión.
AV1 no sustituye la labor de los orientadores ni el apoyo terapéutico. Funciona de forma complementaria, sirviendo de puente entre la ausencia total y la asistencia presencial al aula.


El estudiante se conecta a las clases en directo desde casa para seguir las explicaciones y mantener la rutina diaria del grupo. El profesorado imparte la clase como siempre, sin necesidad de preparar material extra.
Si el alumno logra acudir al centro pero no se siente capaz de entrar al aula, puede seguir la clase con AV1 desde un espacio tranquilo. De este modo, sigue presente y aprendiendo, libre de sobrecarga social o sensorial.
Como parte del plan de reincorporación al centro, AV1 se utiliza de forma gradual en las asignaturas en las que el estudiante se siente más seguro. Así, cuando llega el momento de volver presencialmente, la transición es mucho más fácil.

Sus compañeros integran el robot en el día a día con total naturalidad: le saludan, hablan con él y lo incluyen en los trabajos en grupo. Así se conservan las amistades y el sentimiento de pertenencia, que son clave para motivar el regreso.
El docente da la clase como siempre. En cuestión de días, la presencia del robot se convierte en algo habitual y AV1 pasa a ser, un alumno más en el aula.
"Un alumno de 3.º de ESO que había dejado de acudir al centro empezó a seguir las clases y a interactuar con el aula a través de AV1. Eso le dio la confianza necesaria para volver presencialmente, y ahora mismo cumple con el 90 % de su horario.
Además, otra estudiante de 4.º de ESO utiliza el robot para conectarse a clase los días en los que el dolor físico o el malestar le impiden asistir en persona".

"En el caso de un alumno de 2.º de ESO, AV1 le demostró que era capaz de conectarse a las clases. Con un poco de perseverancia y haciéndole ver que los altibajos son normales, ha conseguido asistir a todas sus clases de Matemáticas y Lengua.
A una estudiante de 1.º de ESO, el robot le ayudó a comprobar que el aula no tenía por qué ser un lugar amenazante. Le facilitó el regreso a las clases de Lengua y, poco a poco, también a Matemáticas y Ciencias."

"Llevaba varios meses sin poder ir al instituto por culpa de la ansiedad. Al principio, usar el robot me ponía bastante nervioso, pero me sirvió para darme cuenta de que estar en clase no era para tanto. Me ayudó muchísimo a reintegrarme con mis compañeros.
Ahora voy todos los días al instituto gracias a AV1."
El impacto positivo de AV1 está respaldado por 17 estudios independientes y por la evaluación de 3.133 asignaciones reales gestionadas por centros educativos durante 2025: